Como los hijos siempre queremos dar lo mejor. ¿Cómo tener relaciones verdaderas con ellos? En la comunicación y crianza de nuestros hijos ponemos más atención que quizás en la relación con cualquier otra persona.
Se trata de tener básicamente relaciones reales, basadas en la verdad. Y con los niños, lo único que varía es la forma de cómo converso con ellos. Porque aunque sean pequeños, eso no quiere decir que no entiendan; claro que entienden. Lo único que varía son las palabras con las que comunico.
Por ejemplo: intentar ser perfecto con los hijos es, en realidad, un despropósito para ellos. Si una madre no expresa y siente su rabia el hijo no va a saber lidiar y expresar su rabia. El hijo precisa ver a la madre lidiar con la rabia para que él sepa qué hacer con ello. Si no, es un problema, porque entonces no va a ser capaz de direccionar esa rabia para algo útil. No va a ser capaz de expresar una rabia sin victimizar a la persona. O peor, se va a quedar con la rabia dentro, sin expresar.
Y ¿cómo van a saber los demás mis límites si no expreso adecuadamente y proporcionalmente mi enfado? Parece que incluso a veces, como padres, quisiéramos esconder los sentimientos. Y la realidad es que no hay sentimientos a esconder delante de los niños. Lo único que precisamos aquí es explicarles qué está sucediendo en nosotros mismos y mostrar nuestra humanidad. Ser humano es tener emociones, tener sentimientos, errar, fallar, etc.
Cuando el niño aprecia mi humanidad, es más sano y se vuelve más inteligente. Incluso si no expreso un sentimiento y lo oculto, me hago una víctima de mismo niño. Porque él sabe que debe haber alguna cosa que está aconteciendo y que estoy escondiendo. Y ahí incluso puedo ser manipulado. Pero todavía hay emociones que pretendemos esconder.
Por ejemplo: la envidia. ¿quién se siente a gusto con la envidia? Para empezar, la envidia es normal en un ser humano, porque en definitiva somos competitivos. Si hay iguales, te comparas, punto. ¿Cuál es el problema? El sentimiento de envidia es algo como mirado así para uno mismo, como despreciable. Porque en realidad, lo que sucede es que no quiero lidiar con la admiración que tengo a alguien. Sea en su belleza, en sus conocimientos, en sus capacidades, en lo que sea. ¿Qué hay de malo en eso?
La verdad es que, en realidad, la envidia es un elogio a la persona envidiada. Piénsalo. Te envidio porque yo querría eso que tienes, esas habilidades, para mí. La persona envidiada entonces que recibe ese elogio es feliz si se lo dijese, si fuese capaz de expresarlo. Es en realidad un signo de admiración para esa persona.
Así, si puedo expresar y transformar la envidia en un elogio hacia esa persona, en vez de una amenaza, en vez de quedármelo dentro, entonces, reconozco mi humanidad, reconozco la función de las emociones. Si soy capaz de expresarlo delante de mis hijos, sin ocultarlo, sea vulnerabilidad, sea envidia, sea la capacidad de errar, de envidiar, de amar, entonces soy honesto conmigo mismo y los hijos van a notar que hay ahí una honestidad que conecto con la humanidad. Y conectar con mi humanidad es un paso fundamental para conectar conmigo mismo y con los demás.

