Entre septiembre y octubre un contingente de 37 alumnos de diferentes partes de Latinoamérica y España de Vedanta Academy realizamos un viaje a la India. Aún hoy nos mantenemos en contacto y el sentimiento común es “todavía no puedo aterrizar”.
Y es que es así. La India es un lugar mágico del que no vuelves como has llegado. Es un lugar al que tienes que llegar sin preconceptos, sin expectativas desmedidas, sin esperar nada de antemano. La misma India se encarga de sorprenderte.
Visitamos el sur: Bangalore, Myssore, Coimbatore, Kerala, Kochin, Madurai, Tanjavour, Chidambaram entre otras ciudades. Y cada lugar era una sorpresa.
Multitud de gente diversa. Mujeres con sus saris tradicionales, hombres con camisa y sus dothis en vez de pantalones, alumnos de escuela secundaria todos uniformados, gente descalza, gente con sandalias, vacas caminando libremente por las calles, todo en orden en medio de un desorden aparente. Es raro, por no decir casi imposible (al menos en los lugares visitados) ver a alguien vestido con ropa occidental. Nosotros mismos, respetando su tradición, nos vestimos con ropas indias.
Cerca de 1.400 millones de personas viviendo en 29 estados y 7 regiones con un sistema de democracia parlamentaria. Entre esos estados está Kerala, el único estado comunista de la India donde nos encontramos con alumnos secundarios que en medio de señas y un inglés mezclado con el idioma local nos preguntaban de dónde éramos y ante la respuesta de algunos: “Argentina” enseguida nos decían “Maradona, Messi”, en un afán de comunicarse más allá de las diferentes lenguas. No era extraño que nos acmpañaran un trecho del camino luego de su jornada escolar.
Los templos
Arquitectónicamente los templos son increíbles. Construídos en diferentes épocas, cada uno está dedicado a una deidad. La fachada de cada templo está decorada desde el piso hasta la cumbre con cientos de figuras alegóricas. Llama la atención en la mayoría de ellos los colores. El interior, además de ser una sopresa a cada paso por sus estatuas y techos decorados , está siempre lleno de devotos…ver la devoción de los hindúes es algo que subyuga. A cualquier hora que entras en un templo (previo dejar el calzado en la puerta) se ven devotos haciendo sus oraciones y participando de las pūjas (rituales dedicados a los dioses en donde se ofrecen mantras, ghee, flores, fuego) que intermitentemente se realizan. La tradición védica está llena de rituales que los indios respetan a rajatabla. En los templos entre el calor de las velas y el penetrante olor a ghee (manteca clarificada) se mezcla con personas de todas las edades rindiendo su tributo a las múltiples deidades del panteón hindú.
No es raro ver en muchas calles pequeños templitos con una deidad a la que nunca le faltan flores y muchas veces tienen el kun kun (un polvo rojo) a disposición para marcarse la frente con el punto que simboliza la devoción. En los grandes templos este kun kun se ofrece como prasada (lo que se obtiene luego de haberlo bendecido durante el ritual). En algunos templos se ven jóvenes recitando en coro mantras o trozos de la Escritura.
Nosotros llegamos para la festividad de Navaratri (fiesta de 9 días consagrados a la diosa Madre en sus diferentes representaciones). Durante todos esos días los templos están abarrotados de gente, empezando por el primer día en que ante el templo de Parvati en la ciudad de Myssore parece congregar a toda la ciudad. La entrada al templo ese día es una odisea y terminando al décimo día en que según la tradición védica la diosa Durga venció al rey de los asuras (demonios).
La comida
Los indios solamente usan su mano derecha para comer. No usan cubiertos. En cada restaurante no importa su categoría hay canillas a la que religiosamente van a lavarse sus manos antes de comer. En una hoja de plátano que hace las veces de plato se sirven la tradicional porción de arroz con multitud de platillos con diferentes ingredientes. Todos picantes, que se contrarresta con un platillo de yogur natural (muy necesario para nosotros los occidentales pues es realmente picante la comida). Por las calles se ven a cada paso puestos de comida…el olor de las frituras parece ser más intenso con el calor (es clima tropical) y el té chai (tradicional) se vende más que cualquier otra bebida. Encuentras puestos de verduras y frutas casi en cada calle. Así también de flores para ofrenda a las deidades. Las carnicerías (donde obviamente no se vende carne de vaca) están también al aire libre.
La gente
Si algo recibes es la India es amabilidad. Por donde vayas vas a encontrar un saludo o una sonrisa. La vocación de servicio que tienen los indios es única. En un hotel, en un restaurante se desviven por atenderte bien, siempre predispuestos al servicio. Siempre una sonrisa cálida, un esfuerzo por comunicarse, una mirada dulce. Los indios no dan abrazos, saludan con una reverencia y un “namaste” o llevándose una mano al corazón. Caminan con calma. A pesar de la multitud no se escucha a la gente vociferando, el mayor ruido lo provocan las bocinas de las motos que parecen multiplicarse por cada habitante de la India. Callejuelas estrechas donde no hay veredas están llenas de comercios, gente, color.
Conclusión
No alcanza un post para describir las sensaciones que se viven en la India. No alcanzan las palabras para decir que India es un “antes y un después” en la vida. Si la ves solamente con ojos occidentales es probable que no la entiendas. Si logras quitarte los prejuicios y aprender de ellos se transforma en una experiencia enriquecedora. Es grande la brecha entre ricos y pobres, es cierto, pero cuando ves la pobreza no sientes lástima sino una profunda admiración por la dignidad con que la llevan, por como aceptar su vida haciendo, tal como dice la tradición védica, “lo que hay que hacer en cada momento”, por cómo siguen una vida completamente dhármica. No es un país perfecto, sin dudas, pero es un país que sorprende.
Mientras escribo estas líneas tratando de resumir lo irresumible, vuelvo mi recuerdo a un país del que te llevas solamente enseñanza y vuelves con el alma agradecida y con un amor por su gente que difícilmente puedas olvidar. Quedan muchas cosas por contar, pero fundamentalmente el deseo de de transmitir que fue un viaje único, un verdadero peregrinaje por lugares sagrados, en el que 37 personas vivimos una experiencia inolvidable, que nos fortaleció como grupo y que nos hizo sentir más cerca de este Vedanta que estamos estudiando. *
*Testimonio de una alumna de Vedanta Academy

