La confianza en uno mismo y el esfuerzo son factores directos que contribuyen indudablemente a nuestra vida. Que haya esfuerzo implica una elección. Y si hay elección, quiere decir que debe haber libre albedrío. El libre albedrío implica que puedo ser responsable en la vida ¿verdad? Que puedo cuidar de los instrumentos que tengo, según dice el verso seis de la Bhagavad Gītā.
Ahora bien, ¿es el único factor el libre albedrío y mi esfuerzo personal? En ese mismo capítulo dice la Bhagavad Gītā que no, no es el único factor; hay otros factores. De hecho, hay muchos más factores que no controlo y que ni siquiera conozco que están involucrados en las experiencias que estoy teniendo en mi vida. Y aunque los conociese, probablemente la mayoría no los controlaría yo, porque no dependen de mí.
Si existe una continuidad de la vida, debo darme cuenta que lo que estoy viviendo ahora es sólo una parte de lo que he hecho en esta pequeña porción de tiempo que llamo vida. En castellano tenemos la palabra destino; en sánscrito tenemos varias palabras para referirse a las acciones pasadas: sanchita karma, pradabdha karma y agami karma.
Las acciones pasadas también afectan nuestro presente y nuestro futuro. Tenemos en español el refrán que dice: “Cosecharás tu siembra”. Lo que he hecho en el pasado, los logros, los condicionamientos, la educación que he recibido, el conocimiento que tengo, determinan desde luego el mundo, las acciones y los resultados del presente.
Es decir que nadie empieza desde cero. Están involucradas la genética, la historia, la cultura en la que nacemos, las influencias familiares, etc.. Que no sea consciente de lo que he hecho, de lo que me hicieron, de lo que di por hecho, no quiere decir que no esté siendo afectado por todo eso.
Las personas que creen sólo que existe el destino marcado son deterministas, o para decirlo de otro modo, son fatalistas. Así como las personas que creen que todo depende absolutamente de ellos, tampoco tienen una visión objetiva. De esta manera, vemos que hay dos factores que están interactuando constantemente: mis acciones presentes, mi esfuerzo personal y mi libre albedrío, más las acciones pasadas, mías, de otros, de fuerzas naturales, etc.
Entonces, ¿qué determina el presente: las acciones pasadas o mi acción presente? Realmente no lo sabemos y nadie puede saberlo porque la ley de causa – efecto no la controla ningún ser humano. El pasado trae una serie de experiencias y condicionamientos con diferentes intensidades. Depende de las experiencias que tuve, de la intensidad con las que las hice, traen ahora unos resultados o unos frutos con una intensidad dada.
Pero también mi libre albedrío tiene diferentes intensidades en el presente. Puedo hacer algo de manera casual o de forma muy seria. Puedo tener, por ejemplo, una aproximación casual, de curiosidad por el conocimiento espiritual o puedo tener una aproximación muy seria y sistemática, en la que estudie de manera ordenada, con un guía y me lo tomo más serio que si es simplemente leer un libro por mi cuenta de vez en cuando, o asistir a una charla.
Así, hay factores que ya se iniciaron en el pasado y que no puedo cambiar completamente. Esto depende de la intensidad. Si se hizo o tiene una intensidad muy alta, probablemente no la pueda cambiar, por ejemplo, enfermedad muy grave. Con intensidad media, tal vez la puedo tolerar y seguir adelante con mi vida. O una enfermedad pequeña que pueda neutralizar completamente con mi libre albedrío, cambiando la dieta, cambiando el estilo de vida, cambiando los hábitos.
Y eso he de tenerlo muy en cuenta porque no sólo el esfuerzo personal y el libre albedrío están determinando el momento presente. Sería engañoso no tener en cuenta las acciones pasadas. Y si quiero ser una persona equilibrada, he de darme cuenta de qué factores y qué situaciones puedo cambiar y si pueden ser cambiadas, tener el coraje para cambiarlas, tener la fuerza de voluntad para cambiarlas, querer cambiarlas. Y qué situaciones no se pueden cambiar; y si no se pueden cambiar, he de aceptarlas o tolerarlas: “Oh Señor dame la madurez para aceptar lo que no puedo cambiar , la fuerza para cambiar lo que puedo y el discernimiento para entender la diferencia”.
Cuando logro tener ese discernimiento entre el fruto de las acciones pasadas que está generándose ahora y el libre albedrío, entonces soy una persona realista, que tiene una visión más ensanchada y más objetiva. Y la objetividad es sumamente importante para vivir una vida equilibrada y una vida en la que soy una persona realista y vivo acorde a los hechos y no acorde a las fantasías.

