Te voy a contar una historia clásica que expresa muy bien lo que hacen las palabras del vedanta y el beneficio inmediato que consiguen.
Un maestro dio permiso a diez de sus estudiantes para hacer una peregrinación.
En el transcurso de su viaje, cruzaron un rio con mucha corriente.
Después de cruzarlo, el líder del grupo, que era responsable de su seguridad, los junto a todos en una de las orillas del rio y los contó.
Para su sorpresa contó nueve estudiantes.
El décimo estudiante había desparecido. Contó de nuevo, lentamente, hasta nueve. El décimo seguía sin aparecer.
El líder miró por todas partes pero en no encontró al décimo estudiante.
Contó de nuevo.
Nueve.
El líder permaneció desesperado pensando en el mensaje tan triste que tendría que transmitir a su profesor.
Un hombre anciano que estaba cerca había estado observando la situación. Se acercó al desesperado líder y le preguntó:
—¿Por qué estás tan enfadado?—
El líder señalando a sus compañeros, respondió:
—Cuando empezamos nuestra peregrinación esta mañana éramos diez. Después de cruzar el rio, somos nueve—.
El hombre mayor miró al grupo y preguntó.
—¿Dices que erais diez cuando empezasteis?—
—Si—.
—Y ahora dices que sois nueve—. Exclamó el anciano.
—Si, no encontramos al décimo hombre. Ha debido de ahogarse—. Dijo tembloroso el líder
El anciano sonrío y dijo:
—No te preocupes. El décimo hombre cruzó el río con vosotros. Él está aquí ahora. Os lo mostraré. —
El anciano parecía sabio y sincero. El líder parecía aliviado al escucharle.
—¿Escuchasteis lo que dijo?— Exclamó el líder a los demas. —El décimo estudiante cruzó el rio—.
Uno de los estudiantes era algo más escéptico.
—¿Cómo puedo decir eso? ¿Lo has visto? —.
—No—. Dijo el líder.
—No he visto todavía al décimo hombre pero este señor dice que existe y creo en él—.
En este momento de la historia, el líder sólo tenía conocimiento indirecto de que el décimo estudiante existía.
A través de las palabras del anciano, el líder había ganado un conocimiento indirecto (parokṣa jñānam) de la existencia del décimo estudiante.
Anteriormente él había llegado a la conclusión de el décimo estudiante probablemente se había ahogado pero ahora su confianza en la verdad de las palabras del hombre anciano permitía aceptar, sin una verificación personal, que el décimo estudiante existía.
Su mente no estaba agitada. Mas bien estaba en un estado neutral con confianza en un resultado satisfactorio.
La condición neutral de la mente es típica de una mente receptiva, preparada para el conocimiento, capaz de aceptar que el hecho de que el conocimiento espiritual puede ser descubierto, adquirido y asimilado.
El líder tenia confianza en la adecuación del conocimiento indirecto, una confianza que el conocimiento indirecto confirmará con el conocimiento directo.
Es fe, confianza, śraddhā, un descubrimiento pendiente de comprobar.
El líder no tenia razon para desacreditar las palabras del hombre anciano y su credibilidad tenia peso por el hecho de que el hombre anciano dijo:
—Te mostraré al décimo estudiante aquí y ahora, no más adelante en otro lugar con una experiencia especial—.
Tampoco había dicho líder que éste tendría que hacer algo para que aparezca el décimo estudiante.
La promesa del hombre anciano no implicaba esfuerzo por parte de líder.
El hombre anciano dijo al líder que trajese a los estudiantes.
—Por favor, trae a todos los estudiantes en frente mia y colócalos en una fila—.
El líder, con lagrimas en sus ojos por la perdida del estudiante, los alineo una vez más.
—Ahora, ven aquí a mi lado y cuéntalos una vez mas— Dijo el hombre anciano.
Con el corazón apenado, reacio a contar una vez más pero confiando en el anciano, contó. El líder contó de nuevo hasta nueve.
Señor, —¿done está el décimo estudiante?— Preguntó el líder.
El anciano le dijo
—Tu eres el décimo estudiante, “Tat tvam asi”—
Tú, que olvidaste contarte a si mismo eres el décimo estudiante que buscas.

